Ayuntamientos 2.0

Historia

Antigua iglesia de San Andrés.

Toda la zona estuvo habitada, desde tiempos prehistóricos, como lo demuestra el Dólmen Neolítico de la Cascaja o el Poblado de la Edad de Hierro de La Nava.

Tras la dominación romana y hasta que el dominio navarro es efectivo, se sucede un periodo caracterizado por la indefinición de fronteras. El aislamiento y la pobreza de las comunidades que pueblan la Sonsierra, en estos siglos, hizo que sus habitantes pudieran quedar al margen de las sucesivas incursiones protagonizadas por visigodos, musulmanes y navarros.

Hacia el año 934 no existía ningún poblado de cierta entidad, sino tan solo solares erigidos con permiso de los monarcas navarros. Se trata de pequeñas agrupaciones de viviendas en torno a un pequeño santuario o ermita, en cuyas proximidades se localizan lugares de enterramiento que hoy suponen el único vestigio conservado en muchas de estas comunidades. Su poder era escaso y sus moradores huían a refugiarse a la montaña en los momentos de peligro. Los núcleos de población documentados en esta época son San Martín de Sonsierra, San Juan, San Pablo, San Pelayo, Doroño, San Román, Hornillos, Orzales, Artajona, Pangua, Santiago, Mutilluri, Peciña, Ribas y Ábalos.

Posteriormente, el rey navarro Iñigo Arista establece sobre el Ebro, desde Buradón a Logroño, una línea fronteriza que fortifica y convierte en frontera estable, para impedir el avance de las huestes musulmanas. A esta zona la llamarán los navarros "Sonsierra" (bajo la sierra) y así entra esta comarca por primera vez con ese nombre en la historia. A partir de este momento, la participación en los conflictos entre Navarra y Castilla es directa, formándose una "mentalidad de frontera" que perdura en el tiempo.

El reconocimiento al esfuerzo, que viene realizando la población de la zona, llega el 6 de enero de 1172 de la mano del Rey de Navarra D. Sancho Garcés el Sabio, que concede el fuero de Laguardia (aplicación del de Logroño) a San Vicente y su Alfoz. A partir de este momento, este asentamiento comienza a cobrar un protagonismo sorprendente, pues, aparte de ser promovido tal enclave a villa (otorgándole paralelamente distintas prerrogativas que posibilitaban su crecimiento), se señalaban, con absoluta precisión, sus límites jurisdiccionales; "desde el río Samaniego hasta Buradón y desde medio Ebro hacia San Vicente".

D. Sancho el Sabio pertrechó el collado con los bastimentos oportunos para su defensa, y su hijo, D. Sancho el Fuerte levantó el castillo en 1194 y amuralló todo el recinto, al igual que hizo con Laguardia. Fue así como, con el paso de los años, San Vicente de la Sonsierra acabó consolidándose en su entorno natural y aumentando su número de pobladores.

Panorámica del Castillo.

En el año 1350 Pedro I el Cruel sucede en el trono de Castilla a su padre. Pero, dieciséis años más tarde, su hermano bastardo Enrique II de Trastamara le despoja del mismo. Este incidente provoca unas cruentas luchas fraticidas que afectan a la comarca, iniciando una centuria nefasta para la misma. Las tropas de D. Enrique de Trastamara, al no poder adueñarse del castillo, incendiarán los arrabales y aldeas de San Vicente de la Sonsierra a excepción de Ábalos. La valentía de que hicieron gala los habitantes de San Vicente al enfrentarse a los ejércitos de D. Enrique de Trastamara fue una razón de peso para que el rey Carlos II de Navarra concediera privilegios de hidalguía a todos ellos, así como a sus descendientes.

Con la inestabilidad de los tiempos medievales, las aventuras guerreras fueron una constante en la zona. Por sentencia de 1464, y a resultas de las diferencias que se habían originado entre el Rey don Juan de Aragón y su hijo el Príncipe don Carlos de Navarra, el Rey Luis XI de Francia (que tuvo que actuar como moderador entre ambos) resolvía finalmente que San Vicente de la Sonsierra pasara a manos castellanas en unión de Los Arcos, Laguardia y otros lugares más "conservando fueros, buenos usos y costumbres".

Vista del Recinto Amurallado del Castillo, desde el Puente Medieval.

El caso es que, muy poco tiempo después, y en consideración a los servicios prestados por Don Pedro de Velasco, Condestable de Castilla, el monarca castellano acabaría donando San Vicente de la Sonsierra a este último, con toda su bella y fértil jurisdicción. No obstante, no quedará definido el partido que San Vicente toma entre los dos reinos hasta 1512, año en el que los Reyes Católicos ocupan definitivamente el Reino de Navarra terminando con la situación de frontera de la comarca.

Comienza entonces una larga época de paz, por lo que la dependencia del lugar de Ábalos hacia la plaza fuerte de San Vicente ha dejado de tener sentido y Ábalos consigue elevarse a villa el día 7 de octubre de 1657, fecha de exención de la matriz por Real Cédula de Cámara, previo consentimiento del Conde de Castilnovo, señor de San Vicente y sus aldeas.

La paz no se romperá hasta el siglo XIX con la guerra de la Independencia; San Vicente, por su lugar estratégico, es ocupada por un contingente de franceses desde 1807 hasta 1813 fecha de la Batalla de Vitoria.

Posteriormente, en las contiendas carlistas de 1833, vuelve a ocupar un papel importante, y es uno de los enclaves dominados por el general liberal Zurbano. En las sucesivas batallas y hasta 1876 San Vicente y sus aldeas sufren el acoso de ambos bandos.

Hoy en la zona todavía se cuentan historias de franceses y carlistas que el paso de los tiempos ha ido mezclando en una interpretación muy curiosa y divertida. La historia de San Vicente de la Sonsierra es la de un pueblo riojano pretendido por navarros y sus aliados franceses, y que ha sabido asumir su papel de lugar fronterizo, aunque siempre con una clara tendencia hacia sus vecinos del otro lado del Ebro.

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