A los pies de la sierra de Cantabria...

San Vicente de la Sonsierra

Este espectacular menhir se encuentra ubicado a mitad de camino entre las aldeas de Peciña y de Rivas de Tereso. A falta de completar las investigaciones, el hallazgo en superficie en los alrededores del monumento de cerámicas modeladas a mano y lascas de sílex y cuarcita (correspondientes a las gentes que allí estuvieron, bien de forma permanente o solamente cuando erigieron este menhir), y la particular colección de la roca que no responde a un capricho de la erosión, parecen evidenciar una voluntad humana en el origen del levantamiento de la piedra.

Su conocimiento nos vino a través de Carlos Muntión Hernández quien promovió la visita de arqueólogos del Instituto Alavés de Arqueología. Este tipo de monumentos son abundantes en zonas más septentrionales pero desconocidos hasta este momento en estas tierras. Cuando se habla  de monolitos o menhires, se está hablando de un tipo de monumentos envueltos en el más completo enigma. Sobre su función no existe, entre los investigadores, una opinión única y concluyente. Para unos son momentos conmemorativos, para otros mojones o límites de territorios, hay quien los asocia a elementos funerarios... es decir no se sabe a ciencia cierta el porqué y para qué se erigieron. En cuanto al momento en que fueron levantados, ocurre algo parecido; cuando se encuentran en contextos de tipo megalítico de carácter dolménico, se asocian a estos conjuntos llevándolos a momentos Calcólíticos o del Bronce. Sin embargo, en otros  casos, cuando su situación se enmarca en zonas de cromlechs, su cronología se avanza hasta la Edad del Hierro.

El Menhir de la Peña Lacha se encuentra a una altitud de 658 metros en un pie de sierra, cercano y al sur del camino que uno las aldeas de Peciña y Rivas de Tereso. Son sus grandes dimensiones lo que llama la atención, ya que tiene una altura de 3,35 m y una anchura máxima de 3,25m con 0,52 m de espesor; a esto hay que sumarle la parte enterrada, que se suele considerar como de un tercio de la parte vista, con lo que la dimensión mayor de la peña llegará a sobrepasar los 4 metros.

Se le puede calcular un peso total de unas catorce toneladas por lo que requirió de un gran esfuerzo colectivo para que, con los más rudimentarios medios, pudieran ponerla en pie.  Podemos imaginarnos un grupo de personas arrancando la enorme laja que este monolito, y que mediante cuerdas y correas la aproximaron al lugar donde hoy se eleva.  Antes de desplazarla se cavaría un gran hoyo en el suelo para que, deslizando la gran losa, aprovechando la ligera pendiente del terreno, quedase justo junto al hoyo. Una vez en esta posición la harían avanzar lentamente hasta que, basculando, cayese a uno de los extremos en el hoyo quedando de esta forma en posición vertical para finalmente colocar unas piedras en forma de cuñas para asegurar su posición.

Fuente de la información: Armando Llanos Ortiz de Landaluze. Presidente del Instituto Alavés de Arqueología y Director de las Excavaciones Arqueológicas en La Hoya, Laguardia (1973-1989) y miembro de la Real Academia de la Historia.  Artículo publicado en la revista Piedra de Rayo

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